En este cuadro de Goya está representada una escena en la que Saturno, dios de la agricultura y la cosecha en la mitología romana, devora a uno de sus hijos. El niño aparece desnudo, le falta la cabeza y el brazo derecho, y Saturno le está arrancando el otro brazo. Este está arrodillado mientras agarra con las dos manos el cuerpo inerte del niño, y sólo viste un taparrabos.
Esto se desarrolla en un lugar oscuro, probablemente una cueva, ya que el fondo del cuadro es de un color marrón prácticamente negro, aunque los personajes parecen iluminados, al ser parte de su piel de color ocre claro, y el resto del mismo color aunque ensombrecido. El cuerpo del niño es de color rojo en los lugares donde deberían estar las partes del cuerpo que Saturno se ha comido ya, por la sangre. Este tiene un cuerpo muy grande, y su pelo es muy largo y de color blanco grisáceo, por lo que tiene una edad avanzada, mientras que el niño es muy pequeño. La escena está resaltada por el contraste que hay entre el fondo y el color de la piel de ambos personajes.

Bien.
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